29 de abril de 2017
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Historia del Colegio de Médicos de la provincia de Cáceres: Inicios, 1898-1936 (por el Dr. Mañas Núñez)

1. Antecedentes de los Colegios de Médicos
2. El nacimiento de la Corporación Médica Cacereña
3. Actividad del Colegio de Médicos Cacereño
4. Distribución de losprofesionales médicos en la provincia de Cáceres

ANTECEDENTES DE LOS COLEGIOS DE MÉDICOS


Título Colegiado Gabino de Uríbarri Paredes D. Gabino de Uríbarri Paredes, Primer Presidente del Colegio de Médicos Cacereño D. Leocadio Durán Cantos, Segundo Presidente del Colegio de Médicos Cacereño D. Santiago Julián Murillo Iglesias
D. Eduardo Güija Morales D. Carlos Miguez Barcia D. Lorenzo Torremocha Téllez D. Juan Pedro Rodríguez de Ledesma y Valencia
D. Marceliano Sayans Castaño D. Juan Pablos Abril D. José Raimundo García Arroyo D. Luis Enríquez Acosta
D. José Manuel Botella Crespo D. Tomás del Monte González
Con la institucionalización del quehacer médico, los médicos consiguieron el control de su actividad para defender sus intereses, principalmente evitar el intrusismo y limitar el ejercicio en una villa o ciudad. Este fue el origen de las primeras cofradías: congregaciones de médicos y cirujanos de origen medieval, con carácter corporativo, que pueden considerarse el precedente más remoto de los Colegios profesionales.

Tras la promulgación en 1855 de la primera Ley de Sanidad y la posterior unificación de los estudios de medicina y cirugía en 1868, se creó un nuevo marco legal imprescindible para adecuar la práctica médica al nuevo modelo político y social. Aunque el asociacionismo médico en España tuvo una implantación escasa, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX fue madurando entre los médicos el proyecto de los colegios médicos provinciales.

En 1893 el gobierno declaraba corporación oficial el Colegio Médicos de Madrid y antes de concluir el siglo (el 12 de abril de 1898) se publicaba el Real Decreto sobre la colegiación de las clases sanitarias.

FASES DE LA HISTORIA COLEGIAL ESPAÑOLA


Para solucionar los problemas de ejercicio de la medicina que la política decimonónica española había generado, se emprendió la construcción de una infraestructura legal normalizada por el estado sobre la que asentar una estructura corporativa médica nacional basada en la equidad, cuya presencia formal advino con los "Estatutos para el régimen de los Colegios de Médicos" de 1898. De esta manera se llenaba el vacío sancionador, docente y corporativo que impidió la cristalización del proyecto asociativo médico en el siglo XIX, en cuya paradoja asociativa convivieron el anhelo y el fracaso corporativista.

Si debía ser obligatoria o no la colegiación lo dirimiría el enconado debate que se inició acto seguido y duró hasta 1917. A partir de entonces los médicos afrontaron la consecución de nuevas metas corporativas y profesionales (1917-1936), previo paso por estas tres estaciones: Fase preestatutaria (1893-1898), Fase de colegiación obligatoria (1898-1904) y Fase de colegiación voluntaria (1904-1917).

PAPEL DE LOS MÉDICOS TITULARES


En el origen y desarrollo de estas corporaciones influyeron de manera decisiva los problemas de los médicos titulares.

Este colectivo era retribuido por el ayuntamiento que contrataba sus servicios con una exigua remuneración, que con frecuencia se cobraba con retraso y, a cambio, el profesional debía plegarse a los deseos de las autoridades locales si no quería ser objeto de una destitución arbitraria.

Las igualas fueron un procedimiento frecuente y extendido de contratación de servicios de estos médicos y se basaba en un acuerdo voluntario entre las partes. Su ajuste provocaba un regateo en el que no faltaba la interferencia del cacique, a su vez promotor del cese o de la continuidad del contrato, por lo que el médico debía resignarse a las condiciones resultantes; además, el mismo cobro de la cuota resultaba a veces harto difícil. El exceso de médicos posibilitaba la falta de observancia de los cánones éticos y deontológicos, la complicidad con el cacique y la conformidad con sueldos menores.

De aquí que los titulares deseasen su inamovilidad y el pago por el Estado de sus honorarios.

Por último, las Sociedades de Socorros Mutuos abrumaban con deberes al médico por muy poco dinero.

ASPECTOS DE LA SOCIEDAD CACEREÑA


A lo largo del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, Cáceres fue una provincia caracterizada por su baja densidad de población, elevada dispersión demogeográfica y el predominio de asentamientos rurales.

A partir de la Guerra Civil el modelo de poblamiento extremeño se caracteriza por grandes pueblos y las "agrociudades", con mejor dotación de equipamientos y servicios. En cualquier caso conviene subrayar un hecho importante: la población cacereña se caracterizó por ser más rural que la del resto del país. Desde el punto de vista económico y social la provincia queda definida por su escaso desarrollo y dinamismo económico y por la pervivencia de una estructura social arcaica. Una situación que estuvo muy determinada por el peso del sector primario en la economía provincial, la extensión de la gran propiedad, la ausencia de iniciativas económicas, el bajo nivel cultural y su secular incomunicación.

El conjunto de estos factores determinó el estado de precariedad de gran parte de su población, que en un elevado porcentaje sufría las consecuencias de la malnutrición y de la elevada incidencia de la enfermedad. Por todo ello, la mortalidad en la provincia alcanzaba unas tasas superiores a la media nacional, una situación compensada por el mantenimiento de unas tasas de natalidad elevadas.

Como en el resto de las sociedades con un régimen demográfico tradicional, la mortalidad infantil fue aún mayor y las enfermedades transmisibles ocuparon un lugar destacado en el conjunto de las causas de defunción.

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